La oración, la predicación y la promoción del Rosario

Fray Louis-Marie Arino-Durand, o.p., ex Promotor General del Rosario, escribió que nuestra oración dominicana del Rosario “puede compararse a un diamante que brilla en sus muchas facetas”. Añadió que aunque un diamante es una piedra muy antigua, cuando la luz brilla sobre el diamante recibimos reflejos de él. Mi predecesor dice que el Rosario, como un diamante, se nos ofrece como un regalo para descubrir sus verdades y proclamar esas verdades reflejadas. La cosecha potencial de la oración del Rosario no conoce límites.

Desde hace más de 800 años, los hombres y mujeres de la Orden de Predicadores han estado rezando, predicando y promoviendo el Rosario en formas nuevas y creativas. Hay muchas maneras de orar en nuestra tradición dominicana y una de ellas es:  mirando el crucifijo o cruz, sostenido por una cuerda, que es lo que comunmente llamamos “el Rosario” y que podemos sostener en nuestras manos, ir desgranando una a una las Ave Maria de cada decena.  Consideremos la imagen del diamante una vez más. Para que haya reflejos provenientes del diamante debe haber una fuente de luz, y lo mismo sucede con el Rosario. La fuente de la luz que hace que el Rosario cobre vida es Jesucristo mismo: “Yo soy la luz del mundo”, dijo Jesús (Juan 8.12a).

Para los que rezan el Rosario, la luz llega cuando rezamos los misterios de la Encarnación, es decir, los acontecimientos de la vida de Jesucristo, de Dios haciéndose hombre. La luz de Cristo, al entrar en estos misterios, ilumina los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de nuestras propias vidas, para ser combinados y transformados por los misterios de Cristo en toda su humanidad y divinidad. El Rosario debe ser rezado, pues, desde un corazón humano vulnerable y abierto al corazón y a la vida de Cristo, para pertenecerle.

Esta pertenencia a Cristo implica también un corazón humano dispuesto a ser enviado a la misión, porque este es el camino del verdadero discípulo de Cristo, como ciertamente lo es aquella que es nuestra guía en la oración del Rosario, María, Nuestra Señora del Rosario. Ella nos ofrece esperanza en su acompañamiento a través de los misterios en los que entramos. María nos invita a conocer íntimamente a su Hijo como nuestro Salvador y como nuestro amigo.

El rezo del Rosario es como entrar en un jardín repleto de flores, rosales, lagos y fauna donde podemos experimentar consuelo y refrigerio para el cuerpo y el alma. Otras veces, el rezo del Rosario es como entrar en el Huerto de Getsemaní, con sus miedos y momentos de agonía. Es así como la oración del Rosario nos pone en contacto con Jesucristo en el presente, viviendo con nosotros en este mundo. Cuando contemplamos el segundo misterio gozoso, nos sentimos movidos a estar con María e Isabel y los niños que se forman en sus vientres, no sólo como un recuerdo sagrado de nuestra fe, sino también en el vivir cotidiano con aquellas personas que quieren que compartamos su alegria.    ¿Podemos animarnos a hacerlo? Cuando contemplamos alguno de los misterios del Rosario, ¿podemos arriesgarnos a imaginarnos con Cristo en el presente, deseoso de nuestra presencia, en el acompañamiento fraterno a nuestros hermanos, cuando realizamos nuestra nuestra   acción apostolica? Cada persona humana tiene sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Cada uno es también portador de la gracia de Dios para evangelizar.

Cuando estamos en misión, enviados por Cristo y que nos inspiramos de  la oración del Rosario, estamos predicando. Cuando decimos: “Los dominicos predicamos el Rosario”, decimos en realidad: “Predicamos la Palabra de Dios, del Dios vivo”. La predicación del Rosario se realiza ciertamente en las peregrinaciones, procesiones, encuentros de oración, conferencias, cofradías y muchas otras formas de devoción que utilizan la oración del Rosario. El bienadquirido a lo largo de los siglos, incluso en nuestro tiempo, es incalculable. Estamos en un momento de primavera en la Proclamación del Reino de Dios en nuestro tiempo, usando el Rosario en nuestros caminos de Santa Predicación. El Rosario es una predicación de la Orden de Predicadores. Con esta verdad podemos, todos, por la gracia de Dios, desarrollar nuevas estrategias para predicar el sentido profundo del Rosario, que meditamos sabiamente en el encuentro con Cristo en los Misterios de la Encarnación. El Rosario es una oración evangelizadora que nos motiva a verlo todo a través de la relación con Cristo y con los demás. Es también un lugar para nuestra propia conversión.

Evangelicemos juntos con la oración, la predicación y la promoción del Rosario, una oración santa, una oración de amor, una oración que viene directamente de la Sagrada Escritura. De una decena del Rosario, rezada con amor en el corazón, puede surgir un mar abundante de vida misionera. Escuchando las voces de las escenas vivas de los misterios de la Encarnación, podemos prestar atención a la Madre María de Jesús, diciendo a los siervientes en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Juan 2.5).

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